¿Explica la paradoja de Simpson por qué crece la economía sin que se reduzca del desempleo?
Trae el New York Times un artículo excepcional —y al que se le puede sacar mucha punta—, 3 Theories of What’s Going On With the Contradictory Economic Data, sobre una aparente contradicción en las estadísticas económicas de los EEUU —crecimiento sustancial del PIB acompañado de un estancamiento del mercado laboral— alrededor de la fecha en la que esto se escribe. Las tres explicaciones que ofrece, que en realidad son cuatro, se presentan a continuación.
Las dos primeras tienen que ver con la imprecisión de la estadística pública. Las cifras adelantadas acerca del PIB y del desempleo están basadas en encuestas incompletas, indicadores desactualizados y estimaciones sujetas a revisiones posteriores. Las revisiones del PIB suelen ser más grandes que las del mercado laboral, así que la primera explicación es que las cifras correspondientes a la actividad económica podrían estar sobrestimadas. La segunda —algo menos probable por lo discutido arriba— es que se habrían infraestimado las correspondientes al empleo.
En España, que yo sepa, las cifras del PIB están sujetas a revisiones periódicas de las que ya me he ocupado en alguna ocasión, mientras que las correspondientes al mercado laboral (al menos, las obtenidas a través de la EPA), no.
Las dos siguientes explicaciones dan por buenas las cifras. Una de ellas es que los efectos de la IA comienzan a observarse en las series macroeconómicas: al fin y al cabo, la productividad no es otra cosa que el cociente entre el PIB y la masa laboral. Si la IA permite a las empresas hacer más usando menos recursos (humanos), se observarán patrones macroeconómicos similares a los reportados, es decir, un incremento relativo del numerador del cociente con respecto a su denominador. Pero este incremento de la productividad podría no deberse necesariamente al impacto de la IA —y el articulista ofrece argumentos bastante convincentes para darlo por bueno— sino más bien al desplazamiento de la economía hacia sectores menos intensivos en mano de obra. En particular, hacia la construcción de centros de cálculo, que tienen un impacto económico enorme pero que apenas necesitan personal durante su construcción y funcionamiento. En definitiva, no otra cosa que la paradoja de Simpson —o, como lo llaman algunos, el «efecto composición»— operando de nuevo.
La diferencia entre las explicaciones tercera y cuarta, por dejarlo tal vez más claro de lo necesario, radica en que en la cuarta no hay cambios estructurales (los sectores económicos no se ven afectados por la IA), solamente cambia su peso relativo. En la tercera hay un cambio cualitativo: sectores que antes eran intensivos en mano de obra —como la programación— dejan de serlo por efecto de la IA.