En febrero de 2026, en el blog de Citrini Research se publicó The 2028 Global Intelligence Crisis, un ejercicio de economía-ficción distópica —fechado en junio de 2028— que describía un mundo en el que la IA había arrasado el empleo de cuello blanco con tal rapidez que el flujo circular de la economía se había roto. Muchos trabajos se habían desvanecido mientras los beneficios empresariales se disparaban y, sobre el papel, el PIB seguía creciendo.
El escenario es paradójico: si los extrabajadores no pueden comprar ni pagar hipotecas (arrastrando a los bancos a la ruina), ¿cómo podría estar creciendo la economía? Los autores lo mencionan de pasada:
Los expertos popularizaron la expresión «PIB fantasma»: producción que figura en la contabilidad nacional pero que no circula en la economía real.
El artículo fue discutido hace un tiempo hasta la saciedad y varios economistas se manifestaron especialmente acerca de ese peculiar concepto. Le he pedido a un LLM que me resuma algunas de las aportaciones más significativas y (con mi traducción y edición) me ha dicho esto:
Pierre Yared, entonces presidente en funciones del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, lo calificó como «una interesante pieza de ciencia ficción» que «viola algunos de los principios básicos de la contabilidad económica». El analista Carlo Iacono señaló que el marco del «PIB fantasma» introduce implícitamente la suposición de que las ganancias de productividad no tienen ningún mecanismo de reciclaje, que el dinero ahorrado en salarios simplemente desaparece en lugar de fluir hacia la inversión, precios más bajos o ingresos fiscales. Paul Krugman comentó el texto tratándolo con el escepticismo que suele reservar para escenarios apocalípticos. El veredicto general entre los economistas profesionales fue consistente: las preocupaciones distributivas eran legítimas, pero la contabilidad subyacente era defectuosa. Las ganancias de productividad no se desvanecen en el aire. Van a algún sitio.
Sin embargo, es cierto que el PIB contiene un componente «fantasma» significativo, producción que efectivamente se contabiliza sin que nadie compre o venda nada, aunque no es en absoluto ficticia. Que es lo que voy a discutir en esta entrada de hoy.
En primerísima aproximación, el PIB se calcula con una gran caja registradora: cada vez que el dinero cambia de manos por un bien o servicio, el contador sube. Una gran parte del PIB tiene ese tipo de origen, pero la realidad es más compleja. El PIB pretende captar el valor total de la producción económica y en áreas importantes de la economía existe producción sin intercambio monetario.
En lo que sigue, voy a comentar algunas de esas partidas menos conocidas por el público para llegar finalmente a la que creo que Citrini Research tenía en mente.
Los servicios públicos
La mayor parte de la producción del sector público —escuelas, hospitales, tribunales, limpieza urbana, defensa— no se vende a precios de mercado. Por definición, no hay precio observable. Se valora a coste de producción. Una escuela pública que duplica profesores y aulas duplica su contribución medida al PIB, independientemente de si los alumnos aprenden más o menos. Entre el 15% y el 20% del PIB en la mayoría de los países de la OCDE —la parte atribuible al sector público— se valora sin referencia a precios de mercado.
Los servicios bancarios
Los bancos plantean otro problema. Cuando pides un préstamo, pagas un tipo de interés. Cuando depositas dinero, recibes uno más bajo. La diferencia (o margen) es la principal fuente de ingresos bancarios. Pero el banco no cobra una comisión explícita observable, lo que plantea una complicación a la hora de evaluar la producción del sector bancario. La solución es un constructo llamado FISIM (servicios de intermediación financiera medidos indirectamente). Los estadísticos estiman la comisión implícita comparando los tipos de interés con una tasa de referencia, y contabilizan ese valor como producción. En la UE, el FISIM ha representado aproximadamente entre el 1% y el 2% del PIB en los últimos años. Su tamaño depende en gran medida de supuestos sobre la “tasa de referencia”.
El alquiler que te pagas a ti mismo
Los dos apartados anteriores se refieren a componentes del PIB que están alejados del concepto del «PIB fantasma» en tanto que conciernen a actividades económicas reales, donde alguien realiza un servicio y el único problema reside en su valoración. Lo mismo podría predicarse del tráfico de drogas o la prostitución, actividades económicas en las que, me cuentan, no es común facturar con IVA.
No es habitualmente conocido, sin embargo, que un gran componente del PIB en la mayoría de los países ricos es el llamado alquiler imputado de viviendas ocupadas por sus propietarios. El motivo de su inclusión es el siguiente: si alquilas un piso, tu pago mensual aparece en el PIB como consumo de servicios de vivienda. Pero si eres propietario, no te pagas un alquiler aunque consumes exactamente el mismo servicio: un lugar donde vivir. Si se excluyera este «alquiler fantasma», el PIB caería cada vez que un inquilino comprara su vivienda sin que se hubiese modificado la economía real. Otro motivo es el de poder realizar comparaciones significativas del PIB entre países con tasas de vivienda en propiedad y alquiler distintas. Para evitarlo, los estadísticos estiman cuánto pagarían los propietarios si se alquilaran su propia vivienda a sí mismos, y contabilizan esa cifra como producción y consumo. El peso de esta partida es importante: el sector de la vivienda aporta alrededor del 12% del PIB en España y el alquiler imputado es su mayor componente.
El alquiler imputado es uno de los mayores componentes individuales de la economía, y representa algo que ningún propietario ha pagado ni cobrado nunca. Además, obviamente, si suben los alquileres (por encima del deflactor del PIB, como me cuentan que ha ocurrido alguna vez) y se actualizan los imputados, la economía crece sin que nadie haya apretado un tornillo.
Una cosa que algún economista debería explicarnos es por qué se procede así con los alquileres y no con la limpieza de los retretes o con las tortillas de patata. En algunas viviendas, la limpieza del retrete contribuye al PIB (porque lo hace una señora filipina a la que se le paga un salario) y en las más, no.
La «activación» de costes
Pero la partida fantasmal del PIB más próxima a la que entiendo que quería aludir Citrini Research es la resultante de la llamada «activación de costes». Se entiende mejor con un ejemplo (real).
Una empresa con la que tuve cierto contacto el año pasado se enorgullecía del hecho de haber sido rentable y haber dado beneficios durante los últimos diez o quince años a pesar de los vaivenes del mercado. Sin embargo, en el año 2024, debido, se ve, a algún tipo de regularización contable, se le imputaron de repente una serie de pérdidas extraordinarias que amenazaban con torcer la racha. Lo solucionó activando costes.
La empresa tenía un equipo de programadores que habían ido desarrollando unos sistemas propios a lo largo del tiempo. Hasta el 2024, esta empresa computaba los salarios de estos equipos de desarrollo como gasto (en salarios). Pero en 2024 necesitaba aflorar beneficios de alguna parte. Así que creó en sus cuentas una partida nueva de inversión de varios millones de euros que recogía el presunto valor de los sistemas de software. Desde una perspectiva contable, esa imputación de valor representaba un incremento en el valor de la empresa —sobre el papel, sin que existiese ningún tipo de transacción económica material que la sustentase— de varios millones que compensaban las pérdidas extraordinarias y permitían arrojar un beneficio neto modesto pero positivo.
Esos millones de euros, además, se agregan al PIB como inversión. Efectivamente, hasta los años 90, el software usado por las empresas era considerado un gasto intermedio, como el papel o la electricidad que consumen las empresas, que no sumaba directamente al PIB final para evitar la doble agregación. A partir de alrededor de 2000, comenzó a permitirse contabilizar la inversión en software como «formación bruta de capital fijo». Pero alrededor de 2015 se amplió el concepto de intangibles para incluir partidas adicionales, lo que hizo, por ejemplo, que el PIB de EEUU creciese de repente un 3.6% y el español alrededor del 1.2%. Además, parece que a partir de muy pronto, se espera que el valor de las bases de datos y la información generada por la IA empiece a computarse como inversión, lo que volverá a inflar las cifras del PIB de los países más avanzados.
Así las cosas, el concepto de «PIB fantasma» —inflado, además, por la implantación masiva de sistemas de IA en el escenario del artículo mencionado más arriba— no parece tan descabellado.