Escribí hace ya unos años sobre un esquema simpsoniano para repensar el presunto incremento de la desigualdad, una entrada que invita a tener presente la paradoja de Simpson a la hora de analizar la desigualdad económica.
How the spreadsheet reshaped America relata la transformación de la economía y la cultura laboral en EEUU (y diríase que la de otros sitios también). Se centra, en particular, en cómo estas herramientas permitieron crear modelos financieros en masa y cómo esto, a su vez, permitió el despegue del llamado «capital privado». Aunque también se refiere a sus efectos epistemológicos y a la consolidación de
la convicción inquebrantable de que la manera como funciona el mundo puede representarse por medio de filas y columnas de números y fórmulas.
David Rosenthal advierte acerca de la inevitabilidad de la fragmentación de las stablecoins en múltiples blockchains, lo que acarrea un debilitamiento de los efectos de red y de la interoperabilidad del dinero digital.
Jesús Alfaro sobre Jerry Z. Muller sobre Adam Smith y las consecuencias imprevistas de la acción humana.
El artículo How Do Workers Think About The Costs and Benefits of Freelance Work? concluye que los trabajadores autónomos suelen valorar la flexibilidad, pero tienden a subestimar significativamente sus cargas fiscales y gastos operativos; y que, además, al recibir información precisa sobre sus ingresos netos reales, la percepción de los beneficios del trabajo por cuenta propia disminuye considerablemente.
Hace un tiempo leí sobre el potencial efecto beneficioso de los vehículos autónomos en el tráfico rodado. Hay más información sobre el asunto por ahí, obviamente. Es previsible que esta tecnología acabe teniendo un impacto sobre el urbanismo, igual que lo hizo la de los coches tradicionales. Pero ahora, Works in Progress advierte que este pudiera ser negativo dado que estos nuevos vehículos eliminan las restricciones de tiempo y coste que supone conducir actualmente. Es decir, que habría más coches circulando en un momento dado en unas calles que dan para lo que dan. De modo que, para evitar esta «tragedia de los comunes», propone nada menos que crear un impuesto específico por km para coches sin conductor que contribuya a mitigar la demanda.
Scott Sumner escribe The end of economics? sobre un nuevo libro de Tyler Cowen que diagnostica el declive del análisis marginalista y la teoría de precios en la economía moderna.
Finalmente, The Brand Age, de Paul Graham, tiene dos partes. Una, interesante en sí misma, sobre la historia de la industria de los relojes en Suiza. La segunda, a la que la primera sirve de pie, sobre cómo los productos pasan de competir por rendimiento a hacerlo por prestigio de marca. La tesis es que vivimos en una era donde el diseño óptimo converge (véase la similaridad de los coches, por ejemplo) y que eso induce a las empresas a introducir en sus productos rasgos distintivos e irracionales (antifeatures) con el único fin de mantener su estatus de lujo. (Y pienso, ¿cómo aplica esto al universo Apple?)