Hay un pasaje en el libro Genius: The Life and Science of Richard Feynman donde se lee (con mi traducción):
[…] científicos de Caltech advirtieron cómo la mera presencia de Feynman ejercía una especie de presión moral sobre sus resultados y métodos. Era implacablemente escéptico. Le gustaba hablar del famoso experimento de la gota de aceite del primer gran físico de Caltech, Robert Millikan, que midió la carga elemental indivisible del electrón al aislarla en diminutas gotas de aceite en suspensión. El experimento era correcto, pero algunos de los valores numéricos estaban equivocados, y el resultado de los experimentos posteriores supuso una vergüenza permanente para la física: no se agruparon en torno al resultado correcto, sino que se fueron acercando lentamente a él. El error de Millikan ejercía una atracción psicológica, como un imán distante que desviaba las observaciones de su centro.
Si un experimentador de Caltech le contaba a Feynman un resultado obtenido tras un proceso complejo de corrección de datos, Feynman nunca dejaba de preguntar cómo había decidido el experimentador en qué momento dejar de corregir, y si esa decisión se había tomado antes de poder ver qué efecto tendría sobre el resultado final. Era demasiado fácil caer en la trampa de corregir hasta que la respuesta «pareciera» correcta. Evitarlo requería una familiaridad íntima con las reglas del juego del científico. También exigía no solo honestidad, sino la conciencia de que la honestidad requiere esfuerzo.
Las estimaciones a las que se refería Feynman son:

Algo parecido sucedió con las estimaciones históricas de la velocidad de la luz, aunque en este caso, el problema radicaba en la varianza más que en el sesgo.
Nota: todo lo anterior está extraído y adaptado de Feynman corner: We have access to a lot more examples than we used to, donde se advierte sobre el peligro de «permitir que el resultado condicione el método».