Patrick McKenzie nos cuenta cómo funcionan los programas de recompensas de tarjetas de crédito, a quiénes favorecen, a quiénes perjudican y cómo algunos usuarios están aprendiendo a explotarlos sistemáticamente. La entrada aplica a los EEUU principalmente y no a Europa, donde las comisiones por el uso de la tarjeta de crédito (y, por lo tanto, las potenciales recompensas asociadas a ellas) están limitadas por ley.
La Fed es un actor tan grande en el mercado financiero que sus predicciones tienden a autocumplirse. Es el conocido problema que dio lugar a la teoría de juegos hace ya cien años. Para mitigar sus efectos, el nuevo gobernador de la Fed, Kevin Warsh, ha renunciado a publicar guías prospectivas, con lo que algunos actores del mercado se sienten «desorientados». El Clark Center estudia la cuestión.
Nicholas Decker se pregunta por qué son tan raros los disensos públicos en la Fed a pesar de que las transcripciones de las reuniones, que solo se publican años después, revelan frecuentes desacuerdos entre sus miembros. Ofrece dos explicaciones: una basada en los principios de la persuasión bayesiana y otra, más prosaica: preservar la imagen tecnocrática y la independencia para evitar que el disenso se lea como politización.
En EEUU, los mayores agentes del mercado hipotecario no son bancos sino entidades financieras específicas («bancos a la sombra» o shadow banks). Pero ahora, UWM, la mayor de ellas, con casi el 10% del mercado en 2025, está en crisis y ha tenido que solicitar un rescate (privado). Da la impresión de que las entidades financieras hiperespecializadas están sujetas a riesgos idiosincráticos que las diversificadas pueden sobrellevar con mayor facilidad.
Hannah Ritchie presenta una herramienta interactiva para seguir la producción mundial de alimentos. ¿Se sorprende alguien de que, pese a los augurios de los «catastrofistas climáticos», las líneas tengan tendencias crecientes?
Abundando en el asunto de las tendencias globales, el FT busca y no encuentra el impacto de la IA en la productividad.
Se acaba el trabajo de los matemáticos (artículo publicado días antes de lo de Navier-Stokes).
El FT vuelve a quejarse de la varianza de las estimaciones del PIB mensual británico: las revisiones son mayores que los propios movimientos que pretenden medir (un crecimiento medio del 0.1% mensual desde 2022 vs revisiones absolutas típicas superiores a 0.2 %). Se queja también de aquella estimación de que la deuda del RU era el 100% del PIB, y que acabó siendo un artefacto estadístico.
Epoch AI denuncia un agujero «del tamaño de Nvidia» en las estadísticas del PIB de EEUU. El quid de la cuestión es que hay empresas que diseñan productos en EEUU pero fabrican y, en gran medida venden también, fuera. Como consecuencia, ese valor añadido no se registra adecuadamente en la contabilidad nacional. En realidad, el problema es conocido —la propiedad intelectual cruza las fronteras sin dejar una traza análoga a la de las mercancías físicas— y de difícil solución que las peculiaridades de la economía moderna han exacerbado.
Mientras, The Economist achaca a la ley de Goodhart las discrepancias entre los distintos indicadores de la tasa de desempleo en China: los indicadores usados como objetivo y guía de la política económica son precisamente los que ofrecen visiones más fotogénicas del mercado laboral.
No acabaré jamás de entender noticias como esta de que, según BBVA Research, la falta de capacidad eléctrica está retrasando la construcción de viviendas en al menos doce provincias. Seguro que, si se escarba, la culpa la tiene alguna colonia de erizos autoctonísimos cómodamente instalada por donde debería pasar algún tendido eléctrico.
Nadie puede definir con precisión qué es un robot debido a las múltiples formas que estos pueden adoptar —cuadrúpedos, «sirenas», «hexápodos», etc.— y eso complica la regulación (¡qué pena!) del sector.
Tyler Cowen resume cómo está cambiando la economía como disciplina académica: se interesa menos por la econometría, la política monetaria y el gobierno corporativo, y más por el desarrollo, el crimen y el género, además de que presta más interés a los métodos de corte causal.
Era 2008 y varios economistas de primera línea, incluidos algunos nobeles, escribieron el (breve) artículo «The Promise of Prediction Markets».
SpaceX es una compañía de leasing de centros de cálculo.
El término «pausa de Engels» se usa para referirse a un periodo entre 1790 y 1840 durante el que el progreso tecnológico permitió incrementar rápidamente el PIB per cápita en el RU pero sin que las condiciones de los trabajadores mejorasen en absoluto: los beneficios de la innovación fueron capturados casi enteramente por el capital. Ahora, el FT piensa que, por culpa de la IA, podríamos entrar en una fase similar.
Alex Tabarrok presenta Scholar Data, un proyecto para fomentar el intercambio de datos susceptibles de ser usados en la investigación científica, un bien público manifiestamente infraofertado.