Resumida, la historia —que creo que conocemos casi todos— es que Jacob Coxon trabajaba en Antropic, un buen día dimitió, publicó en Twitter

Coxon en Twitter

y mucha gente lo tomó en serio.

Analíticamente, todos tenemos una priori sobre la archifamosa $P(\text{doom})$ que vamos afinando a partir de la información que recibimos. Para algunos, $P(\text{doom})$ es alta y, tras las declaraciones de Coxon, y debido a la credibilidad que dan a la fuente, la actualización bayesiana la ha incrementado significativamente.

Pero otra gente muy cabal tiene buenos motivos para pensar que $P(\text{doom})$ es ínfima y que las opiniones de gente que, como Coxon, tienen «La Broma Infinita» y «una estantería entera de ciencia ficción distópica en su perfil de Goodreads» solo informan acerca de sus filias y fobias personales, no sobre lo que pasa en el mundo real.

Todos hemos tenido que interactuar con «locos de la colina» que albergan ideas estrambóticas sobre lo que ocurre en el mundo. Demasiado deprisa han asumido muchos que el bueno de Coxon no es uno de ellos.

Coda: He estado leyendo estos días sobre la interrelación de los conceptos de «inteligencia» y «sabiduría» según John Vervaeke y aunque aún no lo tengo muy claro, tengo la sensación de que ayudarían a crear un marco conceptual idóneo para razonar analíticamente sobre el asunto de hoy.