Los portátiles, ¿objetos fálicos?
Yo siempre he creído que eso de los portátiles tiene algo de fálico. Ya no gastamos puñal ni espada. Ni escribimos con tachuelas Biba mi dueño en el mango de navajas valleinclanianas. Pero salimos a la calle con portátiles y los celamos (yo, al menos) como antaño se guardaban de la sucia mano ajena los afilados depositarios de la virilidad carpetovetónica. He comprado un portátil nuevo y, llevado de fálico exhibicionismo, he decidido que amerita una entrada en la que proclamar que el mío es más pequeño que el de casi todos mis lectores. ...