Sobre los aspectos apelativos de la causalidad
Arranco con un experimento mental: A lleva un chaleco antibalas. B le dispara, la bala atraviesa el chaleco y lo hiere de gravedad en el pecho. Varios sujetos distintos examinan lo sucedido: La policía determina que B (y el disparo que realiza) es la causa de lo sucedido. Los médicos que reciben a A en el hospital encuentran que la bala incrustada en su pecho es la causa de su estado. El técnico de la empresa que fabrica los chalecos antibalas especula que el inusual calibre de la bala y el ángulo de impacto son la causa de que atravesase el chaleco. Incluso, uno puede especular que gente que conoce a B (p.e., su siquiatra, su familia o sus amigos íntimos) aventure otras causas para lo sucedido. En el mundo, realmente, ha sucedido lo que ha sucedido y nada más: hay, a lo más, razones. La razón de que A se debata entre la vida y la muerte es que tiene una bala en el pecho. Pero determinados sujetos identifican causas que los apelan en tanto que son lo que son y que los mueven a la acción: unos a detener e interrogar a B, otros a intubar a B, etc. ...