El dilema de Collingridge
Dice que no podemos regular bien las tecnologías emergentes porque, cuando aún es fácil hacerlo, no sabemos qué regular; y, cuando por fin lo sabemos, ya es demasiado tarde. En la formulación original de David Collingridge1: Cuando el cambio es fácil, su necesidad no puede preverse; cuando la necesidad es evidente, el cambio se ha vuelto caro, difícil y lento. En concreto: En los albores de una tecnología, cuando todavía es «dúctil y maleable», ignoramos sus efectos sociales, económicos y éticos. No hay base empírica para intervenir y cualquier regulación parece prematura o arbitraria. Más tarde, cuando los daños —o los beneficios inesperados— se manifiestan, la tecnología ya ha sido integrada en las instituciones, los modelos de negocio y los hábitos sociales. Cambiarla es caro, lento y políticamente costoso. La solución que propuso Collingridge fue el ensayo y error inteligente. Pero como escribe Michael Ende, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. ...